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¿Y si el problema no fuera solo tuyo? Una mirada relacional sobre nuestro malestar.

Por mucho que mires hacia adentro, la transformación ocurre en lo relacional; lo que le pasa a una persona puede entenderse mejor si miramos la red vincular en la que vive o creció. La mirada sistémica amplía la mirada para comprender ese contexto, y esto cambia la forma de mirar el problema.

MIRADA SISTÉMICA

Tania García Siglés

7/24/20263 min read

Vivimos en una cultura que nos ha enseñado a mirar el sufrimiento como algo individual. Si sentimos ansiedad, tristeza o bloqueos, solemos pensar que hay algo que está mal en nosotros y que debemos arreglarlo mirándonos únicamente a nosotros mismos.

Sin embargo, podemos comprendernos mejor y abrirnos al cambio si nos hacemos una pregunta diferente:

¿Qué historia hay detrás de lo que me ocurre? ¿En qué relaciones aprendí a sentir, a querer, a protegerme o a sobrevivir?

Desde que llegamos a la vida, nuestra identidad se construye en relación con los demás.

Nuestra primera experiencia del mundo no fue individual, sino profundamente relacional. Aprendimos quiénes somos a través de la mirada de quienes nos cuidaban. Descubrimos si somos bienvenidas, si nuestras emociones tienen cabida, si podemos pedir ayuda, si tenemos permiso para equivocarnos o enfadarnos y si es seguro mostrar nuestra vulnerabilidad.

Es en relación donde aprendimos a confiar, a vincularnos y a dar sentido a lo que vivimos. Y también es en relación donde recibimos las primeras heridas.

Cada familia transmite, además de amor y recursos, sus miedos, pérdidas, silencios, formas de relacionarse y maneras de afrontar la vida.

Sin darnos cuenta, fuimos aprendiendo formas de estar en el mundo que nos sirvieron para sentirnos aceptadas y para sentir que pertenecemos a nuestro sistema familiar.

Y quizás lo que un día nos sirvió, hoy nos hace sufrir o nos aleja de nuestro propio camino.

Puede que hoy te cueste poner límites. Hay quien necesita cuidar constantemente de los demás. Algunas se exigen demasiado, otros evitan el conflicto o sienten miedo al abandono... ¿Quién no repitió una y otra vez relaciones que hacían daño?

Podemos pensar que todo esto son rasgos de nuestra personalidad. Desde la mirada sistémica, nos preguntamos también cómo llegaron hasta nosotros.

Comprender el contexto cambia la forma de mirar el problema.

La terapia sistémica parte de una idea sencilla y profundamente transformadora: las personas no vivimos aisladas, sino que formamos parte de sistemas de relación. La familia es el primero y el más importante de ellos.

Esto significa que lo que le ocurre a una persona casi nunca puede entenderse del todo sin mirar el contexto en el que vive o creció.

No se trata de buscar culpables ni explicaciones simplistas; buscamos comprender un poco más, ampliar la visión y poder así abrirnos al cambio.

Comprender cómo se han construido determinadas dinámicas, qué función han tenido y qué nuevas posibilidades  pueden aparecer cuando dejamos de mirar el problema únicamente desde el individuo.

La relación también puede ser un lugar de reparación.

Si en las relaciones aprendimos muchas de las formas con las que hoy vivimos, también es en una relación segura donde pueden empezar a transformarse.

La terapia ofrece precisamente ese espacio.

Un lugar donde sentirse escuchado sin juicio y comprender la propia historia con una mirada más amplia.

Donde descubrir que muchas de las estrategias que hoy generan sufrimiento fueron, en algún momento, la mejor forma que encontramos para adaptarnos a un entorno que no supo ver lo que necesitábamos.

Y poco a poco, descubrir que hoy ya nos son necesarias y que podemos hacerlo diferente.

Podemos empezar a relacionarnos con nuestro pasado de una manera diferente. Y a través de él, transformar la forma de relacionarnos con nosotras mismas y en consecuencia, con los demás. Desde este nuevo lugar, seremos más libres para escoger cómo queremos vivir y vincularnos en adelante.

Una mirada que amplía la perspectiva.

La terapia sistémica invita a ampliar la mirada.

A comprender que nuestra historia está unida a la de los que nos rodean y a la de los que llegaron antes que nosotros y que, al mismo tiempo, tenemos la posibilidad de escribir capítulos nuevos.

Somos seres profundamente relacionales; nos construimos en relación.

En relación podemos ser heridos. Y también es en relación donde podemos encontrar el camino para sanar.

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TANIA GARCIA SIGLÉS

Terapia Sistémica Relacional